lunes, 30 de mayo de 2022

La izquierda hace historia en la primera vuelta de las elecciones colombianas


Gustavo Petro, con su fórmula vicepresidencial con Francia Márquez, se proclama en estas presidenciales como vencedor con un 40,32%, y tendrá que enfrentarse en una segunda vuelta con el derechista Rodolfo Hernández.

 Poco más de dos meses después de las elecciones legislativas en Colombia, que pusieran al Pacto Histórico como la formación más votada, no exentas de un intento de fraude contra la misma, del que fueron recuperados más de 700.000 votos sin los que se configuraba de forma totalmente distinta el Congreso de la República, el líder de dicha formación, Gustavo Petro, con su fórmula vicepresidencial con Francia Márquez, se proclama en estas presidenciales como vencedor con un 40,32% al 100% del voto escrutado, siendo los únicos resultados victoriosos de la izquierda en la historia de Colombia.

La campaña de terror en contra de la llegada de la izquierda al poder, en el Estado más históricamente reaccionario del continente, repleta de constantes acusaciones de castrochavismo, la sombra mediática de expropiaciones, purgas, reformas agrarias y destituciones en el contaminado y criminal ejército de Colombia, no han disuadido a la población de conceder este histórico respaldo al ex-guerrillero del M-19. Los resultados, sin embargo, no otorgan la presidencia y envían al candidato del Pacto Histórico a una segunda vuelta.

Por otro lado, y de una forma casi impensable hace menos de un mes, el empresario y político Rodolfo Hernández, populista de derechas, supera al candidato oficial del uribismo, Fico Gutiérrez, con un sorprendente 28,15%, que lo envía a la cita de segunda vuelta contra Petro, que se celebrará de aquí a tres semanas, el 19 de junio.

Fico Gutiérrez, en tercer lugar, con un 23,91%, no ha podido superar siquiera el techo del 25%, hundido por la enorme carga que el apoyo oficial de Uribe ha tenido en su candidatura tras el gobierno de Duque, en una campaña en la que no han dado los resultados deseados las descomunales cantidades de dinero recibido, invertidos a todo tren durante la campaña, e incurriendo incluso en la ilegalidad: a través del uso de vallas electorales que incumplían por cantidad y ubicación lo dispuesto en la ley, el pago por asistencia a mítines electorales, y otras tramas propias del asentado y estructural caciquismo, que de nada le han servido a un poder que ha tenido el férreo dominio de Colombia en las últimas décadas.

    Gustavo Petro se enfrenta a Rodolfo Hernández, quien ha sabido dibujarse entre amplios sectores de la sociedad una imagen de antipolítica, de la misma manera que lo hiciera Donald Trump, que le ha propulsado tan alto en esta primera vuelta

De una forma clara, estas elecciones entierran la hegemonía del uribismo en Colombia, no exento de poder seguir actuando, en el momento más bajo de su historia, al borde de su desaparición institucional, bajo el riesgo sin embargo de una transición renovadora de la derecha colombiana, que podría encontrar el continuismo de su poder en el no tan independiente Rodolfo Hernández.

Muy lejos quedan ya el resto de candidaturas, como el centro izquierda de Sergio Fajardo, por Centro Esperanza, con su 4,20%, caracterizado por una gran hostilidad a Gustavo Petro y al Pacto Histórico, hasta convertir su campaña, como lo han hecho la mayoría de formaciones y candidatos, en un constante ataque a Petro, quien ha marcado en todo momento la agenda política del resto de candidatos, inequívoco síntoma en muchas ocasiones de una hegemonía en la disputa.

El escenario ahora es el siguiente, en vistas de una necesaria segunda vuelta: Gustavo Petro se enfrenta a Rodolfo Hernández, quien ha sabido dibujarse entre amplios sectores de la sociedad una imagen de antipolítica, de la misma manera que lo hiciera Donald Trump, que le ha propulsado tan alto en esta primera vuelta. La situación es la menos deseable para Gustavo Petro, que de no obtener más del 50% en primera vuelta, hubiera preferido una segunda vuelta contra el limitado techo de Federico Gutiérrez, candidato que difícilmente pudiera recoger todos los apoyos obtenidos por Rodolfo.

Rodolfo era el gran peligro para el Pacto Histórico, pues su perfil político, en el fondo en el mismo espectro que la ultraderecha colombiana, va a poder arrastrar hacia sí el electorado del uribismo que ha votado por Fico, y que ahora ve a Rodolfo como el único que puede vencer a la izquierda. Tanto es así que la maniobra ha comenzado cuando el escrutinio ni siquiera había concluido. Fico apoya oficialmente a Rodolfo en su primera rueda de prensa tras las elecciones: “Petro es un peligro para la democracia, votemos por Rodolfo para defenderla”.

Estas tres semanas serán cruciales en una batalla que se va a caracterizar por buscar el voto de los sectores más moderados, muy reducidos en una sociedad tan sumamente polarizada, y que pueden marcar el destino de Colombia con apenas una oscilación del 3-5% de los apoyos. Los “tibios” a los que ambos bloques han detestado sutil o abiertamente, van a ser ahora el factor decisivo para elegir al primer presidente de izquierdas de la historia de Colombia, acabar con la guerra, disponer al Estado contra la salvaje injusticia social y el brutal deterioro del nivel de vida, en un país donde, tras la gestión de la pandemia, la línea de pobreza ha alcanzado a casi 7 de cada 10 personas, de las cuales 2 ya han entrado en la extrema pobreza (su economía ni tan siquiera aporta lo suficiente para la alimentación), o por el contrario, caer en el continuismo en manos del empresario populista Rodolfo, quien no ha tenido reparo en mostrar su carácter violento hasta las agresiones físicas a concejales, o su misoginia, y que enarbola una bandera de discursos huecos contra la corrupción, pero que ha sabido obtener su fuerza del hundimiento del uribismo, y de la campaña mediática de terror a la extrema izquierda, aún situándose 12 puntos por debajo de su nuevo único adversario.

A favor de Petro juega que el ausente en los debates, Rodolfo, una vez más en su estrategia de estar al margen, ahora tendrá que sentarse a debatir y enfrentarse a todas las razones y la capacidad discursiva de Petro, de la que por su contundencia había huido hasta entonces.

Para dar por totalmente válidos los resultados, habría que subsanar las irregularidades que no se han echado a faltar en numerosos departamentos. La misión de observadores internacionales que ha conformado en Colombia un grupo de casi 500 personas dan fe de este hecho, y la plataforma URIEL (Unidad de Recepción Inmediata para la Transparencia Electoral) daba constancia, antes del cierre de las mesas electorales, de al menos 584 denuncias de irregularidades electorales y delitos, que deberán esclarecerse a mayor brevedad posible en los próximos días. Al finalizar el conteo, una jurado de votación, Nelly Bedolla, ha sido asesinada mientras realizaba el desplazamiento de material electoral en el departamento del Meta, en un atentado a bala en el que ha resultado herida otra persona.

La plataforma URIEL (Unidad de Recepción Inmediata para la Transparencia Electoral) daba constancia, antes del cierre de las mesas electorales, de al menos 584 denuncias de irregularidades electorales y delitos, que deberán esclarecerse en los próximos días

Roser Maestro, diputada del PCE por Unidas Podemos, que ha viajado hasta Bogotá como miembro del Grupo Interparlamentario por la Paz en Colombia, en las labores de observadora electoral, informaba a El Salto: “Nuestra misión en Bogotá ha podido comprobar un déficit de accesibilidad a centros electorales. Hemos visto ancianos y personas en silla de ruedas que tenían que ser cargadas a hombros para poder acceder a las mesas de votación. Las Mesas de Justicia, conformadas por funcionarios que debían ejercer una vigilancia del proceso electoral, estaban en ocasiones vacías o con déficit de personal, a lo que habría que sumar una escasa presencia policial en algunos centros”.

En el departamento de Antioquia, hasta donde se ha desplazado Ana Miranda Paz, quien fuera diputada en el Parlamento Europeo por el BNG, según relata la observadora, ha podido constatar la falta de testigos en las mesas electorales, dificultades de información en centros de votación, extralimitación en el recuento de algunos miembros de la Registraduría en Medellín, y, de nuevo, Mesas de Justicia que han encontrado vacías.

Algo positivo se puede  encontrar, sin embargo, al preguntar a la parlamentaria de EH Bildu, Oihana Etxebarrieta, secretaria de feminismos del grupo vasco, que ha querido destacar, al margen de la organización estatal, un alto empoderamiento de las implicadas en la gestión de las mesas de votación, donde además ha podido encontrar a gente concienciada de su labor.

    Desde la campaña de Petro denuncian que 8.000 testigos electorales del Pacto Histórico que habían sido acreditados en marzo por la Registraduría, no han podido obtener los credenciales que la página web debía haber expedido el mismo día de la votación, y que además, no se ha permitido auditar el software que realiza el preconteo

En términos más amplios, como base del desarrollo de la jornada en el conjunto del país, el senador de la República, y jefe de campaña de Gustavo Petro, Armando Benedetti, destaca que más de 8.000 testigos electorales del Pacto Histórico que habían sido acreditados en marzo por la Registraduría, no han podido obtener los credenciales que la página web debía haber expedido el mismo día de la votación, y lo que es aún más grave, la misma Registraduría, órgano sobradamente conocido en manos del uribismo, no ha permitido auditar el software de T&G que realiza el preconteo, eliminando la transparencia durante el mismo.

Imaginando incluso que los resultados reales son al completo los mostrados, la cita próxima, un 19 de junio, sume a Colombia en una incertidumbre mayor a la que la ha caracterizado en las últimas décadas, e incluso que la última legislatura, y que ni tan siquiera pudiera definirse ya como calma tensa. La hipotética victoria de Petro ha tratado de ser sometida con las recientes advertencias golpistas del Comandante General del Ejército, Eduardo Enrique Zapateiro, el paro armado del Clan del Golfo, el intento de fraude en los comicios del 13 de marzo, y por parte de todas las estructuras del narcoparamilitarismo. Se tema que el poder mediático se concentre esta quincena en acentuar la campaña de terror contra Gustavo Petro favoreciendo a Rodolfo.

Estas elecciones son decisivas, no solo en el marco de una situación pre-revolucionaria que se viera en el estallido del Paro Nacional durante el año pasado, reprimido con una dureza  que dejó al menos 400 muertos, si no cruciales para interrumpir la velada dictadura, también llamada sutilmente carencia democrática, que se fue conformando tras el asesinato del candidato presidencial de la izquierda, Jorge Eliécer Gaitán, en 1948, y establecer definitivamente la paz que tanto temen las oligarquías. Oligarquías activas más allá de las fronteras colombianas.

Una presidencia en manos de Rodolfo frustraría el momento esperanzador en el que se encuentra el país,  hacia ese continuismo guerrerista en el dominio de las estructuras narcoparamilitares, sobre las que se asienta la oligarquía colombiana y la influencia estadounidense. La situación podría tornarse explosiva, al encontrar la inmensa masa empobrecida asfixiados sus deseos de justicia, por los que hasta en su himno nacional se versa con anhelo “cesó la horrible noche”. La chispa está prendida en esa oscuridad, y desciende en el aire iluminando con esperanza una segunda vuelta que decidirá si cae dentro o fuera del barril de pólvora que es Colombia.

Fuente: El Salto

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