viernes, 29 de abril de 2022

El fin de la dominación occidental


Las sanciones de Occidente contra Rusia, unilateralmente decididas en Washington, ‎están siendo presentadas como un justo castigo por la agresión contra Ucrania.



Pero, ‎aun sin mencionar el hecho de que tales “sanciones” son ilegales a la luz del Derecho ‎Internacional, todos pueden ver que esas medidas no están alcanzando su ‎objetivo supuesto. En la práctica, Estados Unidos está aislando a Occidente con la ‎esperanza de mantener así su propia hegemonía sobre sus “aliados”.

Estados Unidos, que siempre esperó hasta el último momento para implicarse en las dos guerras ‎mundiales –evitando así sufrir daños en su propio suelo–, salió de esos conflictos como gran vencedor. Convirtiéndose en heredero de los grandes imperios europeos, ese país logró ‎instaurar así un sistema de dominación que lo convirtió en el «gendarme mundial». Pero su ‎hegemonía era frágil y no podía ser mantenida frente al desarrollo de otras grandes naciones. ‎

A partir de 2012, ciertos politólogos comenzaron a hablar de la «trampa de Tucídides», ‎estableciendo una analogía con la explicación que aquel historiador de la Antigua Grecia elaboró sobre el ‎porqué de las guerras del Peloponeso entre Esparta y Atenas. Según aquellos politólogos, el ‎ascenso de la República Popular China hacía que un enfrentamiento entre ese país y ‎Estados Unidos fuese tan inevitable como las guerras entre Esparta y Atenas. Habiendo ‎comprobado hoy que China se ha convertido en la primera potencia económica mundial mientras ‎que Rusia es la primera potencia militar, Estados Unidos ha decidido combatirlas, pero ‎no al mismo tiempo. ‎

Ese es el contexto de la guerra en Ucrania. Washington presenta ese conflicto como una ‎‎«agresión rusa», impone sanciones y obliga a sus aliados a hacer lo mismo. La primera ‎explicación que viene a la mente es que Estados Unidos, sabiéndose inferior en el plano ‎militar pero económicamente superior, ha decidido escoger su campo de batalla. Sin embargo, el ‎análisis de las fuerzas implicadas y de las medidas adoptadas desmiente esa lectura de los hechos.

El sistema económico mundial

‎El sistema económico mundial contemporáneo fue creado por los acuerdos de Bretton Woods, ‎en 1944. El objetivo de los acuerdos de Bretton Woods era instaurar un marco para el capitalismo ‎posterior a la crisis de 1929, luego de comprobarse que el nazismo no había sido la solución. En ‎Bretton Woods, Estados Unidos impuso el dolar –su propia moneda– como divisa de referencia convertible en oro. ‎La Unión Soviética y China no estuvieron en la conferencia de Bretton Woods. ‎

En 1971, el presidente Richard Nixon decidió unilateralmente –y de manera no oficial– poner fin ‎a la paridad del dólar estadounidense con el oro… para poder financiar la guerra de ‎Estados Unidos en Vietnam. Concretamente, se abandonó la tasa fija dólar-oro. Esa decisión ‎unilateral estadounidense no se hizo oficial hasta después del fin de la guerra –también ‎estadounidense– en Vietnam, en 1976. Fue también en ese momento cuando China se alió a las ‎transnacionales anglosajonas. Desde 1972, la Comunidad Económica Europea –predecesora de la ‎actual Unión Europea– tuvo que adaptarse a las tasas de cambio, que de ser fijas habían ‎pasado a ser “flotantes”, primeramente enmarcándolas con la llamada «serpiente monetaria» y ‎después con la creación del euro. ‎

A partir de 1981, Estados Unidos comenzó a permitir el crecimiento de su propia deuda. Después ‎de haberse elevado al 40% del PIB estadounidense, la deuda exterior de Estados Unidos es hoy ‎equivalente al 130% de su PIB. Estados Unidos intentó después «globalizar» la economía ‎mundial, o sea imponer sus propias reglas del juego a los países solventes y destruir las ‎estructuras de los Estados de los demás países –la estrategia Rumsfeld-Cebrowski [1]. ‎

Para pagar sus propias deudas, Estados Unidos imprimió dólares, espió a las empresas de sus ‎supuestos aliados y robó las reservas de dos importantes Estados petroleros –Irak y Libia. ‎Nadie se atrevió a cuestionarlo. Pero, desde 2003, el sistema económico de Estados Unidos ha ‎dejado de ser lo que pretendía ser. Oficialmente, Estados Unidos seguía siendo un país de ‎‎«economía liberal», pero todos podemos ver que ya no produce los alimentos que necesita, ni ‎sus propios productos de primera necesidad y que además vive sólo del saqueo. ‎

La economía estadounidense, que después de la disolución de la URSS llegó a representar ‎un tercio de la economía mundial, hoy es sólo una décima parte. ‎

Numerosos Estados vislumbran el fin de las reglas de Bretton Woods y buscan un nuevo sistema. ‎En 2009, Brasil, Rusia, la India y China, países a los que rápidamente se une Sudáfrica, crean el ‎grupo BRICS. Esos países se han dotado de instituciones financieras que –mientras que el Fondo ‎Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial imponen reformas estructurales y compromisos ‎políticos de alineamiento junto a Washington a todo el que solicita sus préstamos– prefieren invertir ‎según el sistema llamado leasing o «arrendamiento financiero», también llamado «alquiler con ‎derecho de compra», según el cual el país que recibe la inversión se convierte en propietario ‎cuando la inversión se ha amortizado. ‎

En 2010, Bielorrusia, Kazajastán, Rusia –a los que después se unió Armenia– fundaron la Unión ‎Económica Euroasiática (UEE). Esos países, que tienen fronteras comunes, instauraron una zona ‎de libre comercio con Egipto, China, Irán, Serbia, Singapur y Vietnam. A ellos podrían unirse ‎próximamente Corea del Sur, la India, Turquía y Siria. ‎

En 2013, China emprendió su vasto proyecto conocido como «Nuevas Rutas de la Seda». Al año ‎siguiente –cuando su PIB sobrepasó el de Estados Unidos y alcanzó la paridad con su poder ‎adquisitivo– Pekín creó el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII, también designado ‎como AIIB, por sus siglas en inglés) y en 2020 estableció un marco para los capitales extranjeros. ‎

En 2021, la Unión Europea concibió su «Pasarela Mundial» (Global Gateway) para competir ‎con China e imponer su propio modelo político. Pero muchos países interpretaron esa jugada ‎como un regreso al colonialismo y la “Pasarela europea” fue objeto de un rechazo masivo. ‎

El bloque ruso y el bloque chino han venido acercándose entre así gracias al proyecto común ‎denominado Gran Asociación Euroasiática Global –surgido en 2016– en el marco de la ‎Organización de Cooperación de Shanghai. Se trata de desarrollar todo ese espacio en su ‎conjunto creando en él vías de comunicación equilibradas según las bases ideológicas definidas ‎por el kazajo Nursultán Nazarbayev: la inclusividad, la igualdad en materia de soberanía, el ‎respeto de la identidad cultural y sociopolítica de los participantes, la apertura y la disponibilidad ‎en cuanto a integrar otros conjuntos. ‎

El intento de Washington de destruir ese conjunto en formación no tiene absolutamente ninguna ‎posibilidad de éxito. Ya podemos comprobar que: la agresión económica no comenzó con la invasión de Ucrania sino 2 días antes de la operación ‎militar rusa;

la agresión económica apunta ante todo a los bancos rusos, a los multimillonarios rusos y contra ‎la industria del gas ruso, sin tocar la nueva red de comunicación euroasiática;finalmente, la agresión económica trata de excluir a Rusia de las organizaciones ‎internacionales… pero no concierne a los Estados que se niegan a condenar a Rusia. ‎Por consiguiente, empujará a estos últimos en brazos de China. ‎

En otras palabras, en la práctica Estados Unidos no está aislando a Rusia sino que aísla a ‎Occidente –el 10% de la humanidad– del resto del mundo, o sea del 90% de la humanidad.

El proceso que está separando a Occidente del resto del mundo

‎- 0. Estados Unidos agredió económicamente a Rusia el 22 de febrero de 2022, ‎el día después del anuncio del reconocimiento, por parte de Rusia, de la independencia de las Repúblicas Populares de Donestsk y Lugansk –anuncio emitido por Moscú el 21 de febrero. El 23 de febrero, un día ‎después de la agresión económica estadounidense contra Rusia, la Unión Europea siguió ‎los pasos de Washington. Los bancos rusos Vnesheconombank y ‎Promsvyazbank fueron excluidos del sistema financiero mundial. ‎

Vnesheconombank (VEB.RF) es un banco de desarrollo regional y habría podido ayudar a las ‎Repúblicas del Donbass. Promsvyazbank (PSB) invierte principalmente en el sector de la defensa y ‎habría podido tener un papel en la aplicación de los tratados de asistencia mutua entre Rusia y las ‎Repúblicas Populares del Donbass. ‎

‎-1. Rusia inició su «operación militar especial» en Ucrania el 24 de febrero. El 25 de febrero, ‎Washington extendió la exclusión de los dos bancos rusos ya mencionados, incluyendo en ella a todos ‎los bancos rusos. La Unión Europea hizo lo mismo –también el 25 de febrero. ‎

‎-2. Para evitar al máximo que otros Estados pudiesen mantenerse junto a Rusia, Washington ‎extendió las «sanciones» comerciales a Bielorrusia. La Unión Europea comenzó a desconectar los ‎bancos rusos del sistema SWIFT –plegándose así a las instrucciones ya impartidas desde ‎Washington– y también extendió las «sanciones» a Bielorrusia y censuró los medios públicos ‎rusos –RT (Russia Today) y Sputnik– el 2 de marzo. ‎

‎-3. El 3 de marzo Washington comenzó a arremeter contra los millonarios rusos –‎erróneamente llamados «oligarcas»–, los que en realidad aborrecen a Putin, y el 8 de marzo prohibió las ‎importaciones de hidrocarburos rusos. El 9 de marzo, la Unión Europea siguió el paso de ‎Washington contra los millonarios rusos pero se resistió a la orden de prohibir la importación de ‎gas ruso, indispensable para la economía europea. ‎

‎-4. El 11 de marzo, Washington extiende las sanciones financieras al seno del FMI y del Banco ‎Mundial y el 11 de marzo amplía la lista de oligarcas sancionados y prohíbe la exportación de ‎productos de lujo a Rusia. La Unión Europea hace lo mismo el 15 de marzo. ‎

‎-5. El 24 de marzo, Washington busca garantizar que los miembros del parlamento ruso sean ‎despojados de todo derecho en Occidente –al igual que los llamados «oligarcas»–, que Rusia ‎no pueda utilizar sus fondos depositados en Estados Unidos para pagar sus deudas a ese país y ‎que tampoco pueda utilizar su oro para pagar sus deudas en el exterior. La Unión Europea ‎también sigue a Washington en la adopción de esas medidas –prohíbe la importación de carbón y ‎de petróleo rusos… pero sigue sin prohibir las compras de gas ruso. ‎

A continuación presentamos al lector un cuadro recapitulativo de los anuncios de Washington y los ‎de la Unión Europea.

La respuesta del resto del mundo

‎Estamos siendo testigos de un fenómeno tremendamente sorprendente. Estados Unidos logró ‎que una mayoría de Estados se pusiera de su parte… pero son los Estados menos poblados del ‎mundo. Todo parece indicar que Washington se ha quedado sin medios de presión sobre los países realmente interesados en ser independientes. ‎

Las acciones unilaterales de los anglosajones y de la Unión Europea están dividiendo el mundo en ‎dos espacios heterogéneos. El mundo está diciendo adiós a la era de la globalización económica. ‎Los puentes económicos y financieros están cayendo uno a uno. ‎

En una rápida reacción, Rusia ha convencido a sus socios del BRICS de la necesidad de poner fin a ‎sus intercambios en dólares y de crear una moneda virtual común para realizar sus transacciones. ‎Mientras tanto utilizarán el oro. La moneda común de los países del BRICS estaría basada en una ‎cesta de monedas de sus propios miembros, divisas cuyo valor se estimaría en función del PIB ‎de cada uno de esos países y de una cesta de materias primas con valor bursátil. Ese sistema ‎debe resultar mucho más estable que el sistema actual. ‎

Pero lo más importante es que Rusia y China parecen mucho más respetuosos que Occidente ‎en materia de relaciones con sus socios. Nunca exigen reformas estructurales, ni económicas ‎ni políticas. La crisis ucraniana está demostrando a todos que Moscú no trata de tomar el poder ‎en Kiev ni de ocupar Ucrania sino de oponerse al avance de la OTAN y combatir a los ‎‎“banderistas” –los neonazis, según la terminología del Kremlin. El método puede parecernos adecuado o no pero los objetivos son legítimos.‎

En la práctica, estamos siendo testigos del fin de 4 siglos de dominación occidental y de los ‎imperios instaurados por las naciones de Occidente. Estamos viendo el enfrentamiento entre ‎maneras de pensar muy diferentes.

 Los occidentales sólo piensan en términos de semanas. Esa visión a corto plazo puede llevarlos ‎a creer que Estados Unidos tiene razón frente a los rusos.

Pero el resto del mundo reflexiona ‎en término de décadas, incluso de siglos. Visto así, resulta incuestionable que los rusos tienen ‎razón mientras que los occidentales, en su conjunto, se equivocan.

Por otra parte, los occidentales están rechazando el Derecho Internacional: atacaron Yugoslavia ‎y Libia sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU y mintieron para atacar Afganistán ‎e Irak. En pocas palabras, Occidente no respeta las reglas que antes impuso.

Los demás ‎Estados, por el contrario, aspiran a un mundo multipolar donde cada cual tenga la libertad de pensar ‎en función de su propia cultura; están conscientes de que el Derecho Internacional es lo único ‎que puede preservar la paz en el mundo que ellos sueñan. ‎

Más que enfrentar a Rusia y China, Washington ha optado por replegarse hacia su imperio, ‎por aislar a Occidente para mantener la hegemonía de Estados Unidos. ‎

Desde el año 2001, todos los dirigentes mundiales ven a los occidentales, y sobre todo a ‎Estados Unidos, como una peligrosa fiera herida. No se atreven a enfrentarla y buscan la manera de dirigirla cuidadosamente hacia el cementerio. ‎

Nadie previó que la fiera se aislaría para morir. ‎

Fuente: Red Voltaire

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